01 julio 2009

Rugisea V: De limpieza general y otras vicisitudes

Ya comenté por ahí, en una entrada anterior de no hace mucho, que el verano es un momento estupendo para retomar proyectos y para dedicarse a hacer limpiezas generales, de estas de tirar cosas que ya hace mil que no usas, pero que siempre que piensas en tirar, misteriosamente, sale algo urgente que hacer... Otra cosa es ya cuando las limpiezas generales vienen impuestas desde arriba, vamos, desde los dueños de la casa (en estre caso, mis padres). Entonces sí que no hay escapatoria. Además, el esquema de pensamiento lógico de mis padres es:

La universidad > No trae remuneración a casa > Tienes que hacer algo útil.

Y también:

La universidad > Estás semi-exenta de actividades domésticas; No hay universidad > Te conviertes en la chacha de la casa.

Así que ayer mismo por la mañana, a esta señorita que ahora escribe le tocó adentrarse en un temible, abominable y horroroso infierno: la salita de mi casa. El problema no es la habitación en sí, que es bastante mona y es donde está el ordenador, el problema está en que hay una inmensa y titánica estantería cargada de libros, y claro está, las estanterías, como soportes que son, también son ideales para ir dejando cosas despistadamente, hasta que llega un momento en el que la estantería parece haberse convertido en una suerte de "matón de los muebles" que parece amenazarte con caerse encima de ti en cuanto le des la espalda (y en consencuencia, jamás se la das)

Además, acabas pensando que la estantería, por fuerza, está hechizada, o tiene un Poltergeist, o en tu salita viven duendecillos, porque crees ver el mismo libro una y otra vez, un libro que ya has dejado en la estantería ordenado. O te parece que los libros se caen a propósito... En fin, que tanto oler Cristasol, limpiamuebles y lejía te deja tan grogui que ya no sabes ni dónde estás.

Cuando después de cuatro horas y media, has logrado que la habitación se quede en perfecto estado, maravillosamente limpia y deliciosamente organizada, empieza la otra parte del cuento: lidiar con el resto de personas que viven en casa para que no tengas que volver a enfrentarte a la estantería y sus secuaces de nuevo (lo cual, seamos sinceros, te da algo de cangueli). Que si no dejes el cenicero ahí, que luego la ceniza cae en todos lados, que si no te tomes el café al lado del ordenador, que luego se queda el cerco sobre la mesa, que si las cosas te las he guardado allá, porque estaban esturreadas por aquí. Ay, son como cabritillos pegando botes por los montes y arramblando por donde pasan.

Por fin, has dejado claros los límites, has acabado de limpiar, y entonces, por la tarde, te enteras de que han colgado algunas notas en la universidad y que el jueves, si no hay quejas, firman el acta definitiva, y claro, esto lo dicen un martes, para que vayas como un cohete a la universidad, por si hubiera algún problema con tus notas. Así que nada, después de la ajetreada mañana viene la ajetreada tarde.

Si sólo fuera ir a ver notas, pues no le das tanta importancia, total, te despejas y todo (y de paso, acabas de expulsar los agentes nocivos del Cristasol, el limpiamuebles y la lejía). Pero no. Ahí está tu madre. Ese ser que por darte la vida, ya se considera con derecho a dirigirla hasta el fin de los tiempos. Tú te vistes sigilosamente, porque la conoces y sabes que en cuanto te vea salir, se acordará de que tiene que hacer algún recado y claro, tú ya te has vestido, ella se ha puesto cómoda... Un cúmulo de casualidades malditas que te conducirán hacia algún tipo de comercio, dependiendo de lo que necesite la progenitora.

-Ay, ¿vas a salir?- ahí está la pregunta. Maja, no tienes escapatoria.

Tú, en un arranque, piensas en decirle: "No, mamá, me estoy vistiendo porque Prada me ha llamado para que vaya a hacer un desfile a París". Sin embargo, esa respuesta, que por una parte tiene moderado ingenio, sabes que puede traerte algún problemilla futuro, así que, en un momento de lucidez, contestas:

-Sí, me voy a ver notas a la Universidad.
-¿Y por qué no vas el viernes y así te esperas por si sale alguna más?

Te extrañas. El "¿vas a salir?" se asocia normalmente a un "Me vas a hacer un recado". Le explicas el tema de que firmen las actas definitivas y te das la vuelta para irte, casi con lágrimas de alegría en los ojos porque tu madre no aprovechará ese momento para endosarte algún encargo.

-Pues ya que sales, ves a Mercadona y me compras...

¡Lo sabía! Demasiado bonito para ser cierto. Me doy la vuelta resignada. Ya he aprendido que en estos casos es inútil excusarse, porque eso agrava la situación. Me paro un momento frente a mi habitación. Recuerdo que me había hecho una lista de libros para leer en verano, y que buscaría en la biblioteca. Ya puestos, de perdidos al río. Cojo la lista y pienso en parar una parada de metro antes de la habitual para ir a la biblioteca.

De camino a la universidad y en la misma universidad no ocurre nada interesante, excepto el hecho de que veo mis notas (que han sido buenas, sé que querréis saberlo). El hecho de ir a ver notas y salir un poco me despeja la mente del cansancio y de los gases nocivos de la limpieza.

Como tengo previsto, me bajo una parada antes de la que me suelo bajar y me encamino a la biblioteca, contenta porque en la universidad las cosas me han ido bien, y deduzco que en la biblioteca también me irán bien. Cuando llego a la Casa de la Cultura y subo a la biblioteca, que está en el segundo piso, me recibe una bocanada de aire fresco del aire acondicionado, lo cual me pone más optimista.

Me voy al ordenador, saco mi lista, y me dispongo a ir buscando los ejemplares, uno por uno. Muchos no están, pero los que más me interesan sí. Los localizo y me voy a buscarlos, feliz y contenta. La felicidad, desgraciadamente, es una dama veleidosa y juguetona que cuando parece que te sonríe, en realidad te está clavando un puñal por la espalda.

Busco y busco, pero donde se supone que tienen que estar los libros, no están. Sé perfectamente buscar en una bilbioteca, porque aprendí cuando tenía 13 o 14 años, y desde entonces he buscado yo los libros que he querido, así que me cabrea no encontrarlos. Si no están, es porque estarán prestados, lo cual me cabrea porque en el ordenador se indicaba que estaban disponibles. Pero bueno, ya que estoy metida entre estanterías (parece que ese es mi sitio), aunque esta vez no son estanterías siniestras ni encantadas, me pongo a hacer de ratona de biblioteca, que es un papel que me gusta mucho y que no me cuesta interpretar. Miro la lista, la arrugo y se va dentro de mi bolso, donde por cierto, creo que aún está. Al final hago una selección, y parte de mi optimismo vuelve a mí. Me alegra que los libros que tengo para leer no tienen nada que ver con los manuales de didáctica a los que me tienen acostumbrada en la universidad y que me aburren hasta el sueño.

Ahora ya, a cumplir el recado de mi querida madre. Cuando estoy en la puerta de Mercadona, me encuentro con un antiguo maestro. Saludos de rigor, que estás estudiando, bla bla... Y luego, un interminable discurso político sobre cómo de mal está lo de Bolonia. Claro que está mal, si lo llevo oyendo todos los días en mi facultad, si todo el mundo está quejándose. Lo que me faltaba. Estoy de vacaciones y sigo oyendo las mismas cantinelas. El maestro, tan amable él, se ofrece a acompañarme todo el santo trayecto desde que cojo lo que tengo que comprar hasta mi casa, hasta la misma puerta, con cantinela incluida. Cuando llego a mi casa, tengo una curiosa sensación de libertad recuperada.

Subo las escaleras y llego por fin. Le doy a mi madre su recado, y cuando ve que vengo de la biblioteca, casi se abalanza sobre mi bolso para ver qué he conseguido. Esa es otra ley de mi casa. Cuando uno va a la biblioteca, los demás le cotillean lo que ha sacado para ver si algo les gusta y llevárselo para leerlo. Esta vez no fue excepción. Mi madre cogió el que le gustaba cuando llegué. Mi padre cogió el que le gustaba por la noche. Y mi hermana no cogió nada porque, desgraciadamente, ha perdido el hábito de leer.

Después de haber vuelto de la biblioteca, me dispuse a escribir algo aquí, pero definitivamente la suerte, una prima hermana de la felicidad en el tema de clavar puñales, quiso que Internet estuviera más inestable que Oriente Medio. Así que cuando lograba escribir una palabra, se caía Internet, reiniciaba, trataba de escribir otra palabra, y otra vez. Como comprenderéis, llegó un momento en que estuve a punto de tirar al ordenador por la ventana y comprobar si es cierta la ley de la gravedad de Newton, al menos, ésa sería la excusa que le daría a mi padre cuando el ordenador estuviera estrellado en la calle, y la ley correctamente comprobada. Sin embargo, tengo el presentimiento de que mi querido padre me habría sugerido que comprobara la ley de la gravedad en mí misma, y ya de paso que estaba él ahí, me ayudaría, así que al final decidí no aventurarme a escamochar el ordenador.

Luego tuve una llamada telefónica que contribuyó a disipar mi disgusto con el ordenador, y por fin, después de tan ajetreado día, después de cenar, me tumbé en el sofá a ver la tele, y luego, cuando la tele ya no me pudo ofrecer nada interesante, cogí uno de mis libros y a las dos horas decidí que ya estaba bien, y me acosté.

Y ahora, señores, si me disculpan, hoy he de enfrentarme al temible mueble del comedor, que es una fusión entre estantería, botellero, armario, cajones... y un largo etcétera que lo covierten en un enemigo más temible que la siniestra estantería de la salita... La cual, por cierto, tengo detrás y... Un momento... ¡Le estoy dando la espalda! Aaaaghhhh, noooo, prometo que no te rociaré más con limpiamuebles... ¡Cuidado! ¡No, el diccionario no!

Se despide la Rugionaria hasta mañana, si es que llega viv...................

29 junio 2009

Libre, libre, libre

Pues sí. Hoy ya se ha acabado la pesadilla, por fin. Ahora falta ver si la pesadilla se trasladará a septiembre o desaparecerá hasta los exámenes de tercero...

La desaparición de la pesadilla significa que mi blog volverá a tener una actividad más o menos regular, y que por fin podré escribir sin que las entradas sean excusas por no poder escribir (qué paradójica es la vida...)

Ya he vuelto a mi Palacio.

(Siento que la entrada de hoy sea tan sosa, pero las neuronas se me han quedado en las 3 horas y 10 minutos de examen)

25 junio 2009

Se repite la historia...

Pues nada, tenía la pequeña esperanza de haber aprobado el segundo parcial de mates, aunque fuera con una nota bajita, y así sólo recuperar la primera parte, pero nada, ni por esas, ni estudiando ni sin estudiar, no hay manera.

Así que el lunes que viene, pues nada, a presentarse A TODA LA ASIGNATURA, y a ver si esta vez se descuelga algún santo o yo que sé... Sintiéndolo mucho, como comprenderéis me va a tocar dejar esto cerrado hasta el lunes, porque tengo que aprovechar cada minuto que me quede de tiempo libre para repasar...

Se despide, hasta el lunes, la Rugionaria.

24 junio 2009

Nunca cabrees a un periodista...

Es uno de los preceptos básicos para la supervivencia. Como el de no jugar con objetos punzantes, no meter los dedos en los enchufes, no ir a un concierto de Rosendo... Esas cosas que toda madre y padre responsables enseñan a su hijo cuando éste aún los escucha.

Parece que al pobre Silvio B, lo llamaremos así porque el pobre debe estar pasándolo mal y desde aquí respetaremos su identidad, bueno, mejor S. Berlusconi, uy, vaya, a la porra el anonimato, bueno, no creo que le importe. En fin, parece que al pobrecillo no le enseñaron esta regla del decálogo de supervivencia (no sé si las anteriormente mencionadas sí) porque ahora se halla en un litigio causado por el despecho de La Republicca, un periódico que no está muy contento con unas declaraciones del 13 de Junio de Berlusconi en una localidad del noroeste de Italia.

Si es que, Don Silvio, entre sus juergas en la "casita" de Cerdeña (con cerca de 5000 fotos que demuestran lo bien que se lo pasó usted y sus invitadas) y sus jaleos con La Republicca, me temo que su vida debe transcurrir entre tribunales, lo cual debe ser muy cansado, ya que todos sabemos lo mal que se come en los juzgados y lo cansinos que son los periodistas y todos esos detractores de su gobierno que se han aliado para derrocarle a usted del poder. Está claro. Es todo un boicot. Y todo por hacer enfadar a unos periodistas.

Si es que no se puede ir así por la vida. Lo que cualquier político en su sano juicio hubiera hecho, como buena rata de alcantarilla que debe ser, es mandarle a los periodistas esos... yo que sé... Un cargamento de caviar, un pequeña "gratificación económica", exención de impuestos, una casita en algún sitio... Y si no, pues también, como buen dictador encubierto que puede llegar a ser, le manda a unos amiguitos para que hablen con él. ¿Ve usted? De esto último le podría haber dado clases Chávez, que controla bien el tema.

Ahora que esperamos que haya escarmentado usted, Don Silvio, no de sus juergas con prostitutas en la "casita" de Cerdeña, sino de meterse usted con los gigantes mediáticos, le deseamos suerte en su cruzada contra ese boicot masónico que han armado todos para derrocarle.

Ha tenido suerte de que el gigante mediático con el que le ha tocado lidiar no ha sido el Grupo PRISA, porque sino... de usted no habrían quedado ni los restos.

23 junio 2009

Revisión de examen.

No creo que ninguna persona que tenga un nueve de nota final en OCE (Organización del Centro Escolar, para los que no sean del ramo) necesite una revisión de examen. Incluso aunque, como me comentó la profesora, me haya subido bastante la nota, un bastante que se reduce a 1.2 puntos... Pero una, que es obediente y simpática si le han puesto buena nota, pues va a la revisión de examen.

Total ¿para qué? Pues para estar 2 HORAS esperando a que me atiendan y luego que me despachen en 6 minutos. Me alegro de que me despachen tan rápido, pero por favor... 2 HORAS que podría estar empleando en estudiar para la inminente recuperación de Matemáticas y su Didáctica.

Y atención... Frase estrella: "Es que Ana... Has sacado un 7.8". La frase en sí no produce ninguna reacción, pero si apuntamos que me lo ha dicho con cara de tragedia total... Vamos, como si sacar un 7.8 hubiera sido lo peor que me podía pasar en este mundo. Mujer, pues no sé, a mí no me parece tan trágico. Y luego, claro está, me ha recalcado que note que me ha subido bastante la nota y que ha redondeado muy por la alza. Bueno, no sé, pero de algo tenían que servir las 5 ó 6 prácticas entregadas y la lectura de los dos libros obligatorios (con sus trabajos correspondientes).

Ay, en fin... Por lo menos he visto a algunos compañeros de clase y he podido charlar con ellos, y algunos no habían sido tan afortunados como yo. Y además he respirado un poco de aire, para volver a sumergirme otra vez en la axiomática de Peano y la de Cántor...

22 junio 2009

Verano

Bien, esta entrada debería haberla escrito ayer, pero como ayer en mi cabeza rondaban otras cosas, pues al final se ha quedado para hoy, total, un día más o un día menos... Y además esta es la entrada nº 100 del blog, así que nada mejor para conmemorar el verano que una entrada con números tan redonditos.

El verano siempre nos alegra a todos, más o menos. Con la subida de las temperaturas (y las inminentes vacaciones) se retoman proyectos y cosas pendientes: "Ahora que tendré tiempo, ordenaré bien mi habitación", "Ahora que tendré tiempo, me leeré aquella novela que me recomendó nosequién...", aunque lo cierto es que al final lo que nos pasa es que nos quedamos tirados a la bartola, acabamos aburriéndonos un montón y nuestros proyectos nos producen pereza... Bueno, no sé si será lo que os pasa a vosotros, pero sí lo que me pasa a mí. Soy un caso perdido.

Sólo hay un proyecto que emprendo con muchísima ilusión y que suelo llevar a término: planear un viaje. Planificar un viaje con alguien muy especial, para ser exactos. Tal vez sea porque en este proyecto no estoy sola, o tal vez porque no dejo de pensar en el viaje en sí y por eso montarlo todo me parece bastante divertido. La cuestión es que es algo que recomiendo a todo el mundo: hacer algún viaje.

Claro está que ahora con el tema de la crisis económica, pues no se pueden echar campanas al vuelo tan rápido, pero tampoco hace falta que sea un pedazo de viaje a la otra punta del mundo. Sólo hay que buscar un hotel que esté bien en instalaciones y de precio (vamos, que no os busquéis un Ritz), cosas divertidas alrededor, y el resto, pues al gusto.

Aprovechad el verano para olvidaros de la rutina y hacer un poco el canelo. Eso siempre viene bien.
 

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