21 octubre 2009

Pequeño milagro.

A veces, especialmente después de ver las noticias, suelo preguntarme qué tiene de bueno el ser humano, la Humanidad, como se suele decir. No es nada raro formularse esas preguntas viendo que a lo más que aspiramos es a chafar el de al lado y quedarnos con lo suyo, a echarnos los trastos a la cabeza en situaciones críticas que requieren diálogo y, en general, a destrozar la mayoría de cosas que nos rodean.

Hoy ha venido a mi facultad una escritora valenciana bastante popular. Isabel-Clara Simó. ¿Cómo entronca esto con la pequeña disertación sobre lo destructiva que es la Humanidad? Pues hoy, después de que algunos días antes me formulara esas preguntas, me he dado cuenta de que una de las cosas más bellas que tiene el ser humano es la palabra escrita, o más bien, el hecho de escribir. Y esto, evidentemente, me lo ha transmitido la escritora (que por cierto, es muy buena hablando en público, la recomiendo).

Si lo pensamos bien resulta muy curioso. Total, hablar es prácticamente hacer lo mismo pero en otro canal... Sin embargo, escribir, y sobre todo, escribir novelas, o reflexiones, o cuentos, o poesías, tiene un algo especial. Puede que por aquello de la creatividad y de la imaginación. Claro está que siempre podemos improvisar y hacer todo eso oralmente, o aprendernos algún poema y recitarlo, pero no es igual.

Muchas veces me da por pensar que el papel en blanco (o la pantalla en blanco, dados los tiempos que corren) es algo transgresor. Tal vez es una palabra un poco fuerte, pero creo que es la adecuada. Enfrentarse al espacio en blanco, a una nada que ha de ser rellenada con creatividad, a un vacío del que nace la vida, como si habláramos del Big Bang de las letras escritas, resulta algo hasta emocionante. Es casi reflejo comenzar a rellenar los espacios en blanco en un folio o en una pantalla. Independientemente de que el exceso de blanco resulte visualmente molesto, que también, es cierto que al hallarse ante la inmaculada blancura de un papel nos asalta un pequeño instinto que nos obliga a rellenarlo, y aunque siempre está la alternativa de los dibujitos tontos, que es muy socorrida, parece que las palabras siempre ganan la partida.

Muchas veces me he enfrentado con ese papel transgresor. esa blancura irreverente, aquí, en el blog, y al poco de escribir me he dado cuenta de que escribía por escribir, sin sentir las palabras, sin reírme cuando quería hacer reír a mis lectores, sin sentir emociones que pretendía expresar, y así no. No señor. La mayoría de esas veces he acabado borrando prácticamente la totalidad del texto, y una gran parte de esas veces, después del "borrado a traición" optaba por no escribir nada, por cerrar el blog y no alimentarlo, porque realmente no sentía que tuviera algo interesante que decir. Prefiero que mi blog pase un poco de hambre y luego coma algo nutritivo a que se infle de porquería y luego sea uno de esos blogs obesos en los que se escribe porque sí, sin tener objeto ni idea, como un barco a la deriva que no espera llegar nunca a tierra firme. Así de maniática soy.

Creo que la escritura, a pesar de que a veces se haya usado para herir, es un pequeño milagro del ser humano y que no debe perderse. No creo que podamos prescindir de la palabra escrita (aunque no nos vendría mal deshacernos de algunos papanatas que dicen ser escritores), porque nos lleva a otros mundos, nos hace ver cosas que pasan desapercibidas, muestra realidades diferentes y, a veces, más complicadas... La palabra escrita, a veces, tiene la propiedad de clarificarnos los pensamientos. Cuando tienes torbellinos por dentro y gritarías, pero prefieres enfrentarte a la fresca blancura de una hoja y vomitar y purgarte sobre ella, luego la conservas y cuando la lees, reflexionas. Tal vez no debiste ponerte así, tal vez ahora lo ves diferente, o tal vez esa vomitona en papel te puede ser útil, no sólo para crecer, sino también para empezar a escribir algo al respecto.

No dejemos que se pierda la palabra escrita, pero sobre todo, no dejemos de escribir. Tal vez si escribiéramos más y nos gritáramos menos, llegaríamos a mejor puerto.

18 octubre 2009

Con un par de pelotas.

Mi repaso diario a la prensa ha dado fructíferos resultados y he acabado obteniendo una noticia de las que me gusta a mí, de las raras, de las que no sacan por la tele, o de las que sacan por la tele cuando el tema de la crisis y los rifi-rafes políticos aburren demasiado al personal.

Casi a diario vemos noticias sobre los goles que ha marcado el jugador de turno (que cobra más que cuatro políticos juntos, que ya es decir), pero pocas veces vemos marcar un gol con un par de pelotas, siendo una de ellas una pelota de playa. Sí, literalmente: con un par de pelotas.

Si ya de por sí a los pobres jugadores del Liverpool les habrá dejado a cuadros que una pelota roja (encima con recochineo, porque es el color de su equipo) entre en el terreno de juego proveniente de las gradas, ya habrá sido para morirse cuando Mike Jones, el árbitro, que a saber dónde le habrían dado el título, da por válido el gol del equipo contrario, el Sunderland.

El que sí supo cómo reaccionar fue Rafa Benítez, el entrenador del Liverpool, al que casi se le escapa la úlcera por la boca de tan grande como se le debió poner, cuando, ante sus numerosas reclamaciones, el árbitro hacía como si lloviera, y ale, aquí paz y después gloria.

Quién le iba a decir al pobre e inocente niño que tiró la pelota que se iba a armar tal rebomborio por el inocente acto infantil de lanzar un esférico. A saber si el pobre niño no querría, en realidad, lanzar la pelota a la cabeza de algún jugador de los del Sunderland (y no sería raro, que aquí en España se tiró una botella a la cabeza de un árbitro), y a ver si así les daba una oportunidad a los suyos, con tan mala suerte que una ráfaga de viento, lanzó la pelota donde no debía. ¡Ay, dios Eolo, por qué al pobre e inocente niño le cargas con el yugo de hacer perder a su equipo predilecto!

Pudo ser también el caso contrario. El niño era del Sunderland y por una de aquellas se le ocurrió tirar la pelotita roja que tenía, y mira, con tal buena suerte (mala para los otros, claro) que la pelota dio en el lugar exacto y en el momento exacto. Si el chiquillo fuera de algún equipo español, seguro que ya le habrían dedicado una calle en su pueblo y todo.

Y ya de perdidos al río, pues a saber cómo actuó el progenitor. "Mira Charlie, ya me has hartado, que ya no te traigo a ver más el fútbol que mira lo que nos haces" diría un padre que fuera del Liverpool, en el hipotético caso de que hubiera logrado salvar su pellejo y el de su vástago de la rabiosa turba que los rodearía en el Momento P (de Pelota). "¡¡Ése es mi niño!!" diría un padre del Sunderland, y se lo llevaría a tomar un helado o le compraría una bici nueva, y el niño tendría algo para contar a sus futuros nietos, y mira, si fuera epañol podría ir a La Noria o a algún sitio de estos a contar su proeza y cómo por dicha proeza conoció a la hija de Jesulín y Belén Esteban, y, entre colacaos, action mans y barbies, se enamoraron.

Y mientras el pobre infante veía a todos a su alrededor volverse locos, allá abajo, en el campo, Rafa Benítez seguiría echando el hígado, los del Liverpool estarían como pasmarotes, y Mike Jones, el árbitro, mirando las mursarañas y diciendo (en inglés):

- No, no, en el reglamento no dice nada de nada de pelotas venidas desde las gradas. Si la FIFA quiere que yo penalice estas cosas, más vale que lo reconozcan en el reglamento.

Ahí, hombre, muy bien, como diría cualquier funcionario que se hiciera de respetar.

Mientras tanto, mientras esperamos a ver en qué acaba todo este jaleo, esperemos que los pobres chicos del Liverpool se hayan recuperado de su inmerecida derrota. A partir de ahora, esperemos también, que no dejen a ningún aficionado, ni hijo de aficionado, entrar al campo de fútbol con esféricos de más, que con los reglamentarios ya hay suficientes.

15 octubre 2009

Curso de locos.

Antes de ayer, por alguna de aquellas, tal vez porque alguna comida me había sentado mal y se me rebelaron las neuronas, decidí ver la televisión por la noche. Concretamente, me acabé decantando por 'Curso del 63'.

Confirmé mis sospechas y vi que, evidentemente, se trataba de otro intento de Gran Hermano, pero esta vez, aparte de que la casa era un internado, pues había un salto temporal hacia los sesenta. Eso sí, parece que por mucho salto temporal que haya, los adolescentes de hoy siguen siendo igual de becerros que en el 2009 (tal vez más).

Lo primero que pensé, claro, es que los mostrencos que hacen de internados se hacían los tontos a propósito, porque vale que el Siglo de Oro les cueste, o que no sepan situar bien todas las provincias, pero... ¿decir que 7x7= 42? Eso canta tanto que parece ya fingido, bien por la productora para dar a los televidentes la agradable sorpresa de que no son tan tontos como se piensan, o bien por los propios alumnos para 'hacerse los guays'.

Y luego ya viene cuando el más chulito de todos tiene la idea de grabar "TITO" en la mesa con la aguja de un compás. Qué artístico. El profesor enseguida le echa una bronca, y le dice que a ver si delante de TITO debería haber puesto TON. A continuación del incidente, entrevistan a la madre, y aquí es donde mis niveles de escandalización llegan a cotas inimaginables. La madre dice: "Bueno, no está bien lo que ha hecho, pero creo que el profesor se ha pasado un poco, no es tan grave". Increíble. Apuesto mi cuello a que al "nene" se le ocurre hacer eso con la mesa del comedor de su casa, y su madre le arrea tal colleja que le deja bizco. En cambio, lo hace en un colegio y "no es tan grave".

"Tampoco será para escandalizarse tanto" me diréis. Sí lo es si quieres ser maestro/a. Lo es, porque esa reacción de la madre es la clarísima prueba de que los docentes, hoy en día, no tenemos ni siquiera un poquitín de autoridad, ni siquiera los propios padres nos la conceden, y así, mal vamos. No es que yo me quiera volver una Hitler de las aulas, ni tirarle tizas a los que no me obedezcan, ni nada de eso, no. Simplemente creo que si yo digo que eso está mal y que no se debe hacer, el padre o madre de turno no debería venir a decirme que a ver por qué he sido tan dura con su hijo, cuando simplemente he mostrado una obviedad.

Luego vino otro momento crítico. Las comidas. Una jovencita, negándose a comer, y especialmente, se negaba a comer pescado. La chica se alimentaba menos que un pajarito. Pataleaba y berreaba con tal de no comer, o empleaba sus gritos desaforados para contestar que no le gustaba el pescado. Todos comiendo, menos ella. Ella la más 'guay'. Después de esta salida de tono, mostraban cómo en casa, cuando la madre le hacía pescado y se daba la vuelta a las primeras de cambio, el pescado iba a la basura.

No quiero ni pensar qué habría hecho mi padre si me hubiera pillado haciendo eso. Bueno, me lo imagino. Le habría dicho a mi madre que me hiciera pescado todos los días hasta que me acostumbrara a comérmelo sin chistar. Afortunadamente, mis padres me educaron lo suficientemente bien como para no tener que recurrir a estos métodos, pero no dudo de que habrían recurrido a esa solución drástica de haberme puesto yo con los morritos de la joven anti-pescado.

Y como éstas dos que he contado, unas cuantas más: lloriqueos porque les iban a cortar el pelo, tacos a todo rato, lágrimas a borbotones cuando no se salían con la suya... Los jóvenes de 2009 están asilvestrados por completo. Y mira que yo soy una de esas jóvenes, y tiene gracia que yo, una joven, escriba esto, pero la realidad es así. Cuando yo esté trabajando en un aula, me enfrentaré a una manada de críos ávidos de sangre, cuya única autoridad reconocida será la de la Play Station y la del papanatas de turno... Mundo cruel.

14 octubre 2009

Rugisea VI: Especímenes nocturnos.

Tiempo ha pasado desde que servidora escribiera la última Rugisea, allá por los inicios del verano, y mucho ha llovido desde entonces, pero hasta ahora, ningún acontecimiento ha merecido ser inmortalizado, y pocas de las rugiseas ya acontecidas han tenido el matiz de surrealismo que ésta ha logrado.


De noche todos los gatos son pardos. Eso dice el refrán. Lo que el refrán no valora, claro está, es la posibilidad de que te puedas cruzar no con un gato pardo, sino con un pomposo (y plasta) persa, o un larguirucho y parlanchín siamés. Y es que las razas de gatos son muy socorridas para calificar a los personajes que puedes encontrarte en las sombras de un pub a la una de la noche.


Tal vez sin tener muy en cuenta el famoso dicho que ya he mencionado, yo y Angie (mi amiga) salimos por ahí, para relajarnos, cenar fuera y luego internarnos en el fascinante mundo de El Carmen, uno de los barrios más populares de Valencia, por lo bonito que es y por ser zona de marcha.


Adoro El Carmen. Está situado en el casco antiguo de Valencia, la mayoría de sus calles son de empedrado y puedes encontrar comercios y locales para casi todos los gustos, además de una buena cantidad de restaurantes y bares. Aparte de eso, este barrio en concreto parece ser mágico, parece que miles de historias (pasadas y presentes) bullan entre los edificios, y que hayan susurros y promesas en cada esquina.


Después de una cena sin incidentes y llena de conversaciones sobre proyectos e ilusiones, decidimos enfilar hacia el mágico barrio. Por el camino nos cruzamos una buena cantidad de relaciones públicas que nos hablaban de los pubs de la zona, y hasta nos ganamos un paseo turístico por algunos de estos pubs. De todas formas, al final no calaron las propuestas que nos hicieron de pasarnos por esos locales, y fuimos, como ya manda nuestra particular tradición, a un local que se llama La Flama, y que para nosotras es visita casi obligada cuando vagamos por las calles de El Carmen en horario nocturno.


Cuando llegamos había poca gente, a pesar de que eran casi las doce ya. Las criaturas nocturnas suelen salir a horas más avanzadas, aunque aquella noche, finalmente, tampoco se llenó demasiado el local (lo que se entiende si tenemos en cuenta que era puente...). La Flama no es muy diferente de otros locales: tiene sus rincones oscuros, música, una barra bien surtida y un portero más grande que un armario empotrado, pero después de tantos momentos dentro, pues también, igual que el barrio que la acoge, acaba volviéndose más especial que otros lugares.


Sin preocuparnos casi del movimiento a nuestro alrededor, nos acomodamos en unos sillones con nuestras bebidas, y hablamos de música, de la vida, de todo un poco. Lo bueno de los amigos es que casi siempre tienes cosas que hablar con ellos.


En uno de los pocos momentos en los que el silencio se ha instalado entre nosotras (y porque la música alta no propicia el diálogo), entran los gatos protagonistas de la noche. El persa y el siamés. Uno bajito, de aire presumido, y el otro patilargo y de aire nervioso. Yo, que en ese momento tenía la vista perdida en su dirección, me doy cuenta de que nos señalan "disimuladamente". Al principio, claro, eso me llama la atención, pero al ver que se van a la barra, pues me tranquilizo y respiro.


Respiro que duró poco, porque en cuanto se aprovisionaron de sendas jarras de cerveza, hacia nuestro lugar se encaminaron.


-¡Hola! ¿Nos podemos sentar? Así os damos conversación...


Por lo visto se habían dado cuenta de que estábamos calladas y tal vez por eso pensaron que estaríamos aburridas. Qué cómoda es a veces la ignorancia. A la pregunta formulada, a esa petición con intenciones, yo no contesto, pero Angie sí:


-Bueno...


Sin acabar de pronunciar la palabra, aquellos ya se habían aposentado estratégicamente. El persa, a mi lado, el siamés, al lado de mi amiga. Algunas preguntas de cortesía, a qué os dedicáis, de dónde sois. El gato persa era ingeniero (vaya, hombre). De lo que dijo el siamés no me enteré, porque la música, como he dicho, estaba alta y él estaba sentado lejos de mí.


Enseguida empezamos a percibir otra frase popular: cada oveja con su pareja. Por lo visto, habíamos sido ya designadas a los respectivos felinos en base a su propio criterio, y durante el rato que estuvimos allí, prácticamente no hablamos ni la una con la otra, ni con el otro gato. Y a mí, queridos lectores, me tocó la peor parte.


Nunca me ha gustado la raza persa. Dejando de lado a este especimen encontrado en las sombras de la Flama, la raza en concreto no me ha gustado nunca. Tanto pelo, la cabeza tan chata que parece dibujar una mueca de desprecio, tan delicados en cuidados... Yo, que siempre he sido fan de los gatos (también de los perros, pero éste no es el caso), nunca he apreciado mucho esta raza, ni la famosa facilidad que tienen para ganar concursos de belleza por sus (eso sí) preciosos pelajes.


Tampoco, claro, me gustó el persa humano que estuvo gran parte de la noche a mi lado. Cuando le dije que estaba acabando Magisterio, sólo dijo que apreciaba el trabajo de los maestros porque su profesión era muy humana. Una obviedad lanzada para agradarme. Igual que no me gustan los persas, tampoco me gustan las personas que quieren caer bien o llegar a alguien sólo a través de la alabanza de lo que hacen, sin mostrar una opinión propia, sólo diciendo lo que el otro quiere oír.


- Pues mira, yo es que soy superdotado, pero no en lo que los dos estamos pensando, jeje- "Comenzamos mal, figura"
-Ahm... ¿Y te llevaron a centro especializado?
-No, no, yo todo lo hice en escuela pública...- "Sospechoso"
-Ajá, pues te ha ido bastante bien.
- Sí, pero por ejemplo mi hermana, que también es superdotada, ha fracasado escolarmente- "Vaya hombre"
- ¿Tu hermana también es superdotada?
- Sí, yo creo que nos viene de mi madre, que también lo es. Estaba trabajando en una gestoría de mierda- "Sí, pues sé de unos cuatro millones de españoles que estarían deseando trabajar en una 'gestoría de mierda'"-...y yo le dije que no fuera tonta y que se pudiera estudiar y ahora es directora de una compañía aeronáutica.
-Anda... Oye, cuántos superdotados ¿no?
- Sí, es que mi abuelo también era, y mi padre es muy inteligente...- "Ya, claro, y los peces que tenéis en el acuario, y el perro y hasta la planta del balcón, que es tan superdotada que se riega sola"


Al poco de esto, su mano empezó a estar peligrosamente cerca de mí. Yo me alejaba, haciendo bien notorio mi desagrado, y él retiraba momentáneamente la mano. Cuando vio que la cosa  se quedaba en rifi-rafe de me acerco y te alejas, decidió ir un paso más allá y me cogió las manos.


-Tienes unas manos muy bonitas- dijo lisonjero.
-Yo las veo bastante normales- "Mejor irse por la tangente"
-No, no, son muy bonitas.
-Pues mira, tengo las uñas mordidas- resalto la obviedad y, por tanto, dejo destapadas sus intenciones de hacerme la pelota.
-Uy, pero no las tienes mal...


Desprendo mi mano de la suya. Él calla. Miro a mi amiga, que asiente a lo que le está diciendo su acompañante. Por lo que veo (y después obtuve confirmación), el chico no es capaz de callar ni bajo el agua. El persa vuelve a la carga, y me acaricia los dedos. Aparto la mano.


-Ay, es que tienes unas manos muy  bonitas...- "Ya estamos otra vez"- ¿Te molesta que te la coja?
-Mira, es que no estoy muy acostumbrada a que un desconocido venga a agarrarme la mano- ya voy directa.
- A ver, mírame a los ojos- le miré a los ojos con ansias asesinas- Es cierto que no es normal ir cogiéndole la mano a la gente...- "Sabia afirmación"- pero, es que tú para mí ya no eres gente, y yo sé que para ti yo ya no soy la gente.
- Perdona, pero tú para mí sí que eres la gente, porque ni siquiera sé tu nombre.
- ¡Uy! Soy Pau...- "Por lo menos el nombre sí que es bonito"
- Yo Ana.
- Ah, vale. Oye ¿y tienes novio?


YA CAYÓ LA PREGUNTITA. Cuando un hombre está toda la noche dándote la murga con tus manos y te pregunta que si tienes novio, entonces tienes la última confirmación necesaria para afirmar que el sujeto en cuestión desea algo más que palabras contigo. Pero a mí no me molesta responder esta pregunta, al contrario, me alegra porque tal vez así, al estamparle la realidad (lo sé, soy cruel) tal vez gane algo de paz.


-Pues sí, sí que tengo.


Pausa.


-¿Y va a venir esta noche?- "Ah, amigo" pienso "Claro, a ver si tienes que salir por piernas ¿eh?"
-Pues no, no creo- aquí debí mentir, pero mira...
-Ah... ¿Y qué tal va la cosa?- "Increíble, este persa presuntuoso piensa que tengo problemas con mi chico y tal vez necesito su fuerte hombro para llorar"
- Pues muy bien, ya llevamos dos años.- Me llena de satisfacción afirmar esto.
-Ah... Pues dos años ya es tiempo ¿eh?


"Sí" divago en mi interior "Y me encantaría decirte que mi novio es un estupendo ejemplar de abisinio, un gato sin exceso de pelo, con porte majestuoso sin ser presumido y con mirada inteligente. Un persa no le llega ni a la suela de sus felinas patas"


-¿Y a qué se dedica?
- Pues está estudiando Ingeniería.
- ¡Anda! Pues entonces también debe ser muy inteligente...
- Mucho, y también tiene mucha imaginación...
- Yo también soy muy creativo- "Barriendo para casa ¿eh colega?"
- Ya.


Nuevo silencio. Aquí quiero dejar claro que de normal, si alguien me habla respetuosamente y no tengo un cabreo encima, no suelo estar callada, al contrario, intento estar a la altura de la conversación. Los silencios que adornan esta conversación simplemente se dieron porque me sentía absolutamente invadida por el individuo-gato persa, así que ni me sentía respeta y además me estaba cabreando.


- Oye- el gato persa habla para los cuatro- ¿por qué no nos vamos a Radio City?


Angie y yo nos miramos. En ese momento aprovecho para hacerle un elocuente gesto que indicaba lo ansiosa que estaba yo por abandonar el local, pero desde luego, no en compañía de los gatos que nos vigilaban.


-No, mira, es que mañana tengo que madrugar y no creo que nos quedemos mucho más- Angie siempre es ágil para estas cosas.
-Ah, bueno...


Y en ese momento, ocurrió algo. Empezó a sonar Beat it de Michael Jackson. De repente, el pomposo gato persa, se levantó impulsado por un resorte. Yo preferí obviar esto. Antes de relatar lo que ocurrió a continuación, que los más avispados ya imaginaréis, quiero dejar claro que La Flama es un lugar frecuentado especialmente por heavies, metaleros, y este tipo de gente.


Como iba diciendo, sonó esa canción, supongo que hasta los heavies hacen tributos a Michael Jackson. Y como también he dicho, el gato persa en seguida se puso en pie. En este momento, yo no quise pensar, pero sabía perfectamente lo que iba a ocurrir.


El señor se plantó en el espacio vacío que había entre sillones y mesas, que no es exactamente una pista de baile pero que podría actuar como tal, y empezó a bailar. Y no me refiero a que empezara a moverse disimuladamente, si no que empezó a realizar una especie de coreografía en la que hasta hacía con la mano como si tuviera uno de los sombreritos del Sr. Jackson. Ale, piernas arriba, ale, pasitos, ale, brazos... Como todos vosotros podréis imaginar, todo el pub estaba observándolo. Al menos se me resolvió la duda existencial de qué cara pondrían unos heavies que vieran a un tío bailar una canción de Michael Jackson. Como también supondréis, Angie y yo nos moríamos de la risa. Y el siamés nos miraba como disculpándolo y decía: "Es que el chico no es de aquí".


Cuando acabó su pantomima, los fortuitos espectadores le aplaudieron. "Eso falta" pensé "Que le déis más cuerda". Cuando acabó, se dirigió a nosotras, y a modo de disculpa dijo, supongo que porque nuestras risas no fueron demasiado disimuladas:


- Es que no tengo el sombrero.
- Oye, pues por ahí fuera hay uno vendiéndolos- Angie, como he dicho, siempre es rápida.
- ¿Ah, sí? Bueno, es que de todas formas estaba haciendo los pasos de Billy Jean, que me la sé mejor que ésta, pero ésta también me la sé ¿eh?- "No lo ponemos en duda"

Después de este momento, creo que ya nada nos podía sorprender. Nos levantamos para ir al baño, donde, por supuesto cruzamos comentarios, y cuando salimos nos habían quitado el sitio otros chicos. Y los dos gatos se empeñaron en cedernos sus asientos (qué cómoda es también la caballerosidad cuando nos conviene) pero nosotras, bueno, más bien yo, dije que ya era tarde y que nos íbamos.

Aprovechando el momento en el que el gato persa estrechaba su pata con los gatos invasores, que sí que eran pardos, nosotras nos escabullimos. Y cuando ya parecía que le habíamos dado esquinazo, antes de lograr salir a la calle, vino diciendo que no nos habíamos despedido de él. Angie, que es más educada, le dio dos besos, y yo, que soy muy mía para elegir la gente a la que le doy besos, continué mi camino hacia la puerta y le dije adios con la mano, con el alivio de quien se despide de los mortales anillos asfixiantes de una anaconda.

La vuelta a casa, normal. Llena de risas, porque aunque el pomposo gato persa me hubiera sacado de mis casillas, no tiene precio que un hombre, con tal de llamar la atención, haga un rato el payaso. Mil promesas también de repetir una noche como ésa, aunque desde luego, la próxima vez no dejaré que un gato persa se me acerque demasiado.

09 octubre 2009

La casa por el tejado: de reformas, planes de estudio, y semanas flexibles.

Toma titulazo para la entradita que voy a escribir.


Bueno, bueno. Creo que no os he informado de que la semana que viene es una de las nuevas, maravillosas y sospechosas "semanas flexibles". ¿Y qué significa esto? ¿Que podremos estirar el puente que tenemos los valencianos desde mañana, día de la Comunidad Valenciana, hasta el viernes que viene? No. Significa que en mi bienamada "facultad", si es que se le puede llamar así a este cuchitril, van a dedicar una semana a hacer actividades "alternativas", a saber, conferencias, visionado de películas, dedicar tiempo a trabajos en grupo...


Claro, cualquiera lee esto y dice: "Caray, qué chollo y qué bien que se esté dando una formación tan abierta y amena". ¡Ilusos los pobres que afirme esto! ¡Qué candidez! Como toda moneda tiene su reverso, y como todo ying su yang, también esto tiene su particular "lado oscuro".


Resulta que hay una cosa extaña, casi extraterrestre y semi-desconocida llamada Plan de Bolonia. Cualquier universitario de ahora, más o menos, ha oído hablar de tal cosa (que repito: es un ente extraño y desconocido). Bien, pues esta cosa ha situado a los que aún somos del plan antiguo (alias de diplomaturas, como la mía de Magisterio, licenciaturas y demás) en una especie de "no-espacio", en una vacuidad extraña, que nos impide realizar esas actividades. Por alguna razón, nosotros no tenemos derecho a ese tipo de formación.


Y ya, para marear la perdiz de mala manera, pues está el tema de lo mal informados que están hasta los mismos profesores, que se supone que son los encargados de hacer que se cristalice el misterioso plan de estudios. Unos te dicen que no, que no pueden dar clase, lo cual da risa, porque dicen, literalmente, que no pueden, como si hubiera un malvado ente que les castigara si dieran clase, o como si les fueran a flagelar después de dar la lección... Otros te dicen que sí se da clase, pero que la clase será "práctica", que nada de lecciones magistrales. Hay un tercer grupo que plantea asistir las actividades que sí están para los del nuevo plan de estudios. Y por último están los "yo-no-sé-nada-y-doy-clase". De estos cuatro tipos de especímenes hemos obtenido diferentes testimonios, resultando, por tanto, un pandemónium a la hora de saber a qué clases hemos de asistir y cómo tenemos las horas la semana que viene.


Después del jaleo ése está la cuestión: Sí máster, no máster. Los departamentos de la "facultad" han cambiado unas tres veces sus programaciones porque desde el rectorado no se aclaran sobre si hay máster, si no hay docencia, si hay docencia pero no presencial, si hay docencia presencial, si no hay máster... Un CAOS. Claro, tienes que reorganizar a todas horas la docencia, y entonces tienes que distribuir a todas horas a los profesores, mareando así al alumnado, al profesorado y hasta a la pobre mujer de la limpieza que ya teme porque la manden a limpiar a Honolulu con todo el tinglado organizativo que hay.


Y todo el problema está en haber empezado la casa por el tejado. Vamos a ver, señores rectores de las universidades españolas y señores políticos, ¿cómo pretenden que se equiparen todos los sistemas educativos europeos? Porque a los de la Sorbona, o a los de Cambridge, les dará igual, total, su nivel alto está mundialmente reconocido. Pero ¿y España? ¿Cómo van a pretender que salgan universitarios excelentemente formados si han comenzado la reforma desde el tejado, desde los estudios post-obligatorios, y no desde Infantil o Educación Primaria? Lo único que se logra de esta forma es altas tasas de suspensos, porque pretenderán que los alumnos universitarios participen de un tipo de formación de la cual no han tenido noticias en su vida, y de la que no han participado a lo largo de todo el sistema educativo.


Así nos va.

07 octubre 2009

Se oyen rugidos por Castellón.

Qué socorridos son los animalitos para las entradas de blog, más aún si estos animalitos resultan ser algo rebeldes. Ya tenemos muchos especímenes que han sorprendido a la raza humana con inusuales actos o rasgos llamativos, y hoy tenemos aquí una leona escapada de un circo. Al menos, ésa es una de las versiones plausibles, porque la otra, más sospechosa, afirma que alguien pudo criarla en cautividad.

Que un bicho se escape de un circo, pues tampoco es tan llamativo, pensándolo bien, porque a saber en qué condiciones vivirán, y la realidad es que muchos de ellos han sido sacados de su entorno y luego amaestrados, pero no por haber logrado doblegar su voluntad podemos pensar que nos van a ser leales, porque un animal salvaje no deja de ser salvaje por mucho que hayan barrotes y actuaciones estelares de por medio. Así que en ese caso, pues no es tan raro este suceso.

Lo raro ya viene cuando la bestia lleva unos días deambulando por el monte, cerca de la civilización, y con riesgo de que se produzca un desagradable encuentro con un ser humano, saliendo peor parado, claro está, el pobre desgraciado que se la cruce. Los expertos, según oí yo ayer en las noticias, recomendaban no salir corriendo en caso de tener un encuentro con ella, ya que asustada y en un entorno desconocido, lo único que le falta es que alguien se le ponga a correr y gritar delante de sus narices, despertándole el instinto cazador.

Y ya, sobrepasando el límite de lo raro, llegamos a lo bizarro del asunto. Que alguien la pudo criar en cautividad. ¿Y de ser así, a quién se le ocurrió semejante disparate? ¿Qué pasa, que los Rottweiler no tienen suficientes antecedentes como perros peligrosos y se necesita algo más bestia aún para disuadir a los posibles ladrones? Hombre, no dudo que aquél que vea un león deambulando por una propiedad, pierde automáticamente las ganas de cometer cualquier acto de allanamiento de morada. Más vale quedarse como uno está que no, por ir en busca de dinero, dejarse la vida en el intento, o dejarse los brazos, las piernas, o la mitad de la cara...

La leona en cuestión ya ha tenido un par de encuentros con los habitantes de la zona, aunque de momento sin desagradables consecuencias. Tal vez, la leona rebelde quiera jugar un rato al gato y al ratón, y vengarse de aquellos que un día la apartaron de la sabana y la obligaron a saltar un aro de fuego, o andar sobre una pelota, o esas cosas... No sería la primera vez que ocurre aquello de "el cazador, cazado".